Hernán Balmaceda: el desafío industrial detrás del cinturón que transformó los tiros libres en el fútbol mundial

A las puertas de una nueva cita mundialista, el fútbol invita a explorar aquellas historias periféricas que, sin rodar en el césped, transformaron el juego para siempre. Desde hace años, la distancia reglamentaria de la barrera en los tiros libres se delimita con un aerosol cuya espuma se evapora en pocos minutos. Sin embargo, pocos saben que el soporte donde los árbitros portan ese elemento es un desarrollo de ingeniería argentina con impronta gilense. Hernán Balmaceda, diseñador industrial, lideró desde su estudio el complejo proceso de creación de esta pieza clave del arbitraje moderno. «Con mi socio fundamos el estudio de diseño industrial en 2015. La propuesta llegó a través de un cliente que se acercó con una necesidad concreta: un soporte eficaz para el aerosol. A partir de allí comenzó un verdadero desafío. Tramitamos la patente de invención, pero lo más complejo fue lograr la aprobación institucional», recuerda Balmaceda. El proceso creativo implicó una constante tensión entre la viabilidad técnica y la visión comercial. «Es una lucha interna entre la parte racional y la proyectual. Ambos enfoques deben equilibrarse. Detrás de una idea que alguien considera única, nuestro rol es encontrar el camino para que el proyecto no se estrelle contra la pared. Sabíamos que este producto enfrentaría enormes dificultades», explica el diseñador. El desarrollo del objeto físico se resolvió con rapidez, pero el verdadero obstáculo fue la inserción en el hermético entramado normativo del fútbol profesional. «Cada producto tiene su propia dinámica y nos enfrentamos a un terreno desconocido. Las decisiones reglamentarias a nivel global dependen de la International Football Association Board (IFAB), integrada por las cuatro asociaciones británicas tradicionales: Inglaterra, Gales, Irlanda del Escocia. Se reúnen solo una vez al año, el primer sábado de febrero. Cualquier innovación debe pasar por ese filtro estricto, algo que ignorábamos al comenzar», confiesa Balmaceda. Además de las exigencias burocráticas, el diseño debía ganarse la aprobación de los propios usuarios en el campo de juego. «El árbitro es la máxima autoridad en la cancha, ya sea en divisiones juveniles o en un estadio colmado. Tienen un poder de decisión absoluto y eran ellos a quienes debíamos convencer para que adoptaran el producto de manera cotidiana». La validación del soporte en Argentina siguió un exigente camino ascendente. Comenzó a testearse en las categorías inferiores de la AFA hasta alcanzar su consagración definitiva en la Copa América. «El proceso fue muy difícil porque el margen de error era cero. El aerosol no podía caerse bajo ninguna circunstancia. Solo registramos un incidente y se debió a una mala colocación por parte del juez. Lograr la concreción y estandarización de este soporte fue, sin dudas, uno de los mayores hitos de nuestra carrera», concluye el diseñador.