Ex combatientes de Malvinas “A la guerra también hay que decirle NUNCA MAS”

En 1982, la dictadura militar argentina envió a las islas Malvinas a varios centenares de jóvenes con escasa o nula instrucción militar para enfrentarse a una potencia bélica mundial y actor fundamental de la OTAN. El Informe Rattenbach, encargado por el último dictador, el teniente general Reynaldo Bignone, fue muy claro al definir el conflicto como una “aventura militar irresponsable”. Más allá del respeto y el reconocimiento eterno que se les debe a los llamados “chicos de Malvinas”, la historia de la guerra del 82 tiene poco de heroica y mucho de irresponsabilidad por parte del mando militar.
En Canal 2 Gol Cable, dos excombatientes de nuestra ciudad contaron su experiencia al ser enviados a la guerra con solo 18 años y casi sin preparación. Carlos Alveberio, quien tenía en ese momento 26 años y prestaba servicio en un buque de la Marina, relató su llegada a las islas: “Estábamos por volver a Buenos Aires, pero el 28 de febrero nos encontramos en Ushuaia. Ahí embarcaron los comandos, fuimos a la isla San Pedro y el 2 de abril nos informaron de la toma de Malvinas”.
Por su parte, Javier Victorell recordó: “Yo había salido del Ejército y estaba en la universidad cuando me llegó la carta. Hay que entender que había una dictadura y, al terminar el servicio, continuábamos un tiempo ‘bajo bandera’; eso significaba que ante cualquier conflicto bélico podíamos ser reincorporados. No podíamos elegir: en caso de no presentarnos, íbamos presos”.
Lo irracional de la historia es que apenas dos días antes del 2 de abril, miles de personas se habían reunido en Plaza de Mayo para pedir democracia y fueron salvajemente reprimidas. Cuarenta y ocho horas después, muchos de los que estaban allí volvieron a la plaza para vivar a Galtieri.
Los excombatientes gilenses recordaron sus primeros días en el archipiélago. “El 3 de abril llega la corbeta Guerrico y se produce la toma de las Georgias. A los soldados los bajaban en helicóptero; hubo un combate en el que murieron dos soldados, pero la resistencia inglesa duró poco. Desde la corbeta destruyeron la cabina de comunicaciones y ahí entendimos que estábamos en guerra. Fue muy fuerte; no estábamos preparados y, de repente, nos encontramos ahí. Mi instrucción era nula: yo solo había tirado tres tiros”, cuenta Alveberio.
Victorell también sumó su vivencia: “El 13 de abril viajamos a Malvinas y llegamos a las 11 de la noche; para mí fue un día glorioso, tenía 19 años. Sin embargo, la información era nula. Tanto es así que el primer avión que derribamos era argentino; pasaron cinco Harrier delante nuestro, pero no sabíamos identificarlos. Nos sorprendió que la defensa estuviera centrada en la zona sur y sudeste, cuando el ataque vino desde la Bahía San Carlos. Nunca imaginamos que íbamos a una guerra; para nosotros era una aventura. No hubo preparación mental ni psicológica, todo fue por sorpresa”.
Los jóvenes combatientes debieron hacerse soldados a la fuerza y enfrentar el clima, la improvisación y al enemigo inglés. Con el paso de los años, su mirada es clara. Victorell confiesa: “Son sensaciones encontradas. Cuando estaba allá me gustaba la carrera militar, sobre todo la disciplina, pero después cambié de idea. Lamentablemente no hay patriotismo”. Para Alveberio, la visión es similar: “La sociedad cambió tanto… hoy no hay solidaridad. La guerra saca lo mejor y lo peor. Luego del conflicto nos dedicamos a repatriar heridos y ahí vimos de todo; uno comprende el valor de la gente y ve cosas malas, como militares que te lastimaban por gozo. Yo conocí a Astiz; él decía que iba a destruir todo antes de huir y, sin embargo, cuando llegaron los ingleses, lo primero que hizo fue entregarse. Necesitamos un encuentro porque, si no, nunca habrá salida. Es importante señalar: guerra nunca más”.