
Habitualmente se suele señalar la falta de compromiso o la mala predisposición de los padres a la hora de reparar los daños materiales que provocan sus hijos. Más allá del debate en torno a la edad de imputabilidad, existen conductas que, aunque deberían ser la norma frente a estas situaciones, logran llamar positivamente la atención por su escasez.
Tras los recientes hechos de vandalismo registrados en el predio de la capilla a cielo abierto Cura Brochero, ubicada en el barrio Familia Propietaria, la investigación policial concluyó que los autores de los destrozos fueron tres menores de edad que residen en la misma zona.
Sin embargo, el caso dio un giro ejemplar. Según informó un integrante de la comisión de la capilla a este medio, las madres de los tres menores identificados se presentaron espontáneamente en el domicilio de la presidenta de la institución. Durante el encuentro, las mujeres pidieron disculpas formalmente por el accionar de sus hijos y aseguraron que asumirán la totalidad de los costos económicos que requiera la reparación de lo destruido.
Ante este escenario, quedan dos expectativas claras: que la situación sirva como un llamado de atención definitivo para que los menores comprendan la gravedad del daño provocado y, por otro lado, que este gesto siente un precedente para que otros adultos asuman una responsabilidad similar cuando sus hijos se vean involucrados en hechos de esta naturaleza.