El crimen que conmovió a San Andrés de Giles hace seis décadas

El crimen que conmovió a San Andrés de Giles hace seis décadas

Hace 61 años, en 1965, San Andrés de Giles se convirtió en el epicentro de la atención nacional debido a un espantoso asesinato. El macabro hallazgo se produjo cuando un oficial de policía que circulaba en bicicleta por la Ruta Nacional N° 7 divisó un bulto sospechoso en la banquina. Al acercarse, descubrió el cadáver de un hombre que vestía un traje gris. La víctima fue identificada como Oscar José Gobetti, un camionero de 35 años. La autopsia determinó que la causa del deceso fue asfixia por sofocación, pero los detalles detrás de su muerte revelarían una trama mucho más oscura y siniestra.

En los años sesenta, causaba furor en el país la revista Así, publicación creada por el mítico periodista Héctor Ricardo García y considerada la precuela del diario Crónica. Este emblemático medio gráfico cubrió el caso minuciosamente, desnudando una red de pasiones, ambición y traición que paralizó a la opinión pública.

La investigación judicial demostró que Gobetti mantenía una relación extramatrimonial con una viuda llamada María Luisa Bonetti, quien resultó ser la instigadora del crimen. Para ejecutar el plan, la mujer reclutó a sus sirvientes y a su nuevo pretendiente.

Vínculos cruzados y ambición

De acuerdo con las crónicas de la época, María Luisa Bonetti residía en su vivienda junto a su mucama, Nélida Gil, de 18 años, y Luis Redondeano, un joven «criado» que supuestamente era hijo extramatrimonial del padre de la viuda. El destino de los habitantes de la casa cambió drásticamente con la irrupción de Ángel René Morel, un hombre de 35 años que inicialmente comenzó un romance con la mucama.

Morel, quien aseguraba poseer poderes paranormales, no tardó en ganarse la confianza de la dueña de casa y entabló un veloz noviazgo con ella. Fue en ese momento cuando Gobetti comenzó a transformarse en un obstáculo. Hasta entonces, la viuda le otorgaba a su amante un importante sustento económico, beneficio que disminuyó notablemente tras la llegada de Morel. Los enfrentamientos verbales entre la pareja se tornaron insostenibles, pero el camionero se negaba terminantemente a dar un paso al costado.

Ante la resistencia, Bonetti reunió a su hermanastro, a su mucama y a su nuevo amante para exponerles un plan letal: Gobetti debía morir.

Una emboscada fatal

La noche del crimen, la viuda pasó a buscar a Gobetti por su domicilio y lo trasladó a su propiedad de la calle San Martín, en San Andrés de Giles. Tras compartir una cena, la pareja se retiró a descansar. Fue la antesala del horror.

Alrededor de las 22:00 horas, Redondeano ingresó a la vivienda y se coordinó con Morel y Gil. Los tres cómplices se colocaron capuchas, cortaron la luz del inmueble y, armados con linternas y revólveres, irrumpieron en la habitación simulando un asalto. Tras maniatar a Gobetti, le introdujeron la manguera de una garrafa en la boca para adormecerlo con las emanaciones de gas.

Posteriormente, los cuatro implicados arrastraron a la víctima semiinconsciente hasta el garaje y la metieron en el Renault 12 de la dueña de casa. Mientras Bonetti tomaba el volante, la mucama ahorcaba a Gobetti con un cable en el asiento trasero. Morel y Redondeano permanecieron en la vivienda, mientras las dos mujeres se dirigieron a la ruta. Allí bajaron al hombre y, en un acto de extrema crueldad, le aplastaron las piernas con las ruedas del automóvil para simular un accidente vial.

El veredicto de la justicia

Las sospechas policiales se posaron de inmediato sobre la viuda. En cuestión de horas, los sospechosos fueron arrestados. Durante sus primeras declaraciones ante el juez de primera instancia, el doctor Úngaro, de los tribunales de Mercedes, los acusados negaron rotundamente cualquier implicación.

Sin embargo, los peritajes de la policía científica resultaron determinantes: las huellas de neumáticos halladas en la banquina coincidían milimétricamente con las del Renault de Bonetti. Ante el peso de las pruebas y la aparición de severas contradicciones en sus relatos, los detenidos se quebraron y confesaron el siniestro complot, alegando inicialmente que «solo querían darle un susto» para que se alejara.

El proceso judicial concluyó con una condena ejemplar. Los cuatro partícipes de la macabra trama fueron sentenciados a duras penas de prisión, cerrando así uno de los capítulos más negros de la historia policial gilense.

Tradatti marcelo daniel

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